La Organización Meteorológica Mundial dio en 1986, a petición del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, la siguiente definición de sequía: "hay sequía en una región cuando la precipitación anual es inferior al 60% de la media durante más de dos años consecutivos en más de un 50% de su superficie". Esto supone que los ecosistemas y los sistemas productivos pueden resistir una disminución de la precipitación de un 40% durante un año, pero se ven seriamente afectados cuando el fenómeno se repite durante dos o más años consecutivos.
Sin embargo, poco tiene que ver esta definición meteorológica de la sequía con el concepto de sequía agronómica manejado en el presente estudio, en tanto que este último tendrá en cuenta la escasez de precipitaciones únicamente cuando afecte al desarrollo y fructificación de los cultivos de secano y pastizales. Por esta razón la evaluación de rendimientos supone una buena medida indirecta de la existencia o no de situaciones de sequía a lo largo del período vegetativo.
En nuestro país, unos buenos rendimientos en secano son consecuencia de la precipitación, no sólo en su aspecto cuantitativo sino, de forma muy importante, en el cualitativo, entendido por su oportunidad en el tiempo, es decir, su adecuada distribución a las diferentes fases fenológicas del cultivo. Por ello se comprende fácilmente que la sequía agronómica no tiene por qué coincidir con la meteorológica antes enunciada.
Los datos meteorológicos convencionales, recogidos con carácter puntual en la red de estaciones, hacen difícil el seguimiento del estado de los cultivos, en especial su variabilidad geográfica. Puede afirmarse que el seguimiento continuado de los cultivos a lo largo de su ciclo fenológico, necesario para el estudio y evaluación de fenómenos como la sequía agronómica a escala global, hoy solamente puede realizarse de manera precisa y económica a través de los datos de teledetección ofrecidos por los satélites meteorológicos debido a tres causas fundamentales: la frecuencia diaria de sus observaciones, el permitir realizar estudios a escala global debido a su resolución espacial y la adecuación de los sensores que transportan a bordo.
De ellos, el sensor AVHRR (Advanced Very High Resolution Radiometer), hoy a bordo de la serie de satélites americanos NOAA, es el que ha demostrado una mayor idoneidad para estos estudios debido a su resolución espacial de 1 km2 en el nadir y su alta frecuencia en resolución temporal con varias pasadas diarias sobre la Península, lo que es muy conveniente para la realización de análisis que requieran una evolución temporal. Por este motivo, con imágenes NOAA-AVHRR es fácil obtener un compuesto decenal de España prácticamente libre de nubes como los utilizados en el presente trabajo.
Los sensores que incorporan esta larga familia de satélites han ido evolucionando con el tiempo. En el momento actual embarcan la sonda TOVS y el sensor AVHRR. La primera permite determinar, entre otras cosas, los perfiles verticales de temperatura y humedad. A partir de los datos TOVS es posible introducir el efecto de la atmósfera sobre la señal recibida por el satélite, lo que se conoce como "Corrección radiométrica". Es decir, permite eliminar el efecto de la inclinación del satélite o de la posición del Sol, e incluso el estado de la atmósfera, de tal forma que las medidas de sucesivas pasadas del satélite sean comparables entre sí, aun cuando se hayan realizado en condiciones muy diversas, únicamente en el caso de que haya una capa de nubes, las observaciones no son posibles.
Por su parte, el sensor AVHRR empleado en el presente estudio, consta de cinco canales de medida en el espectro electromagnético, situados sobre el visible en la banda del rojo (0.58 - 0.68 µm), el infrarrojo cercano (0.72 - 1.10 µm), el infrarrojo medio (3.55 - 3.93 µm) y, los dos últimos, sobre el infrarrojo térmico (10.30 - 11.30 y 11.50 -12.50 µm respectivamente).