Si por algo es conocida la Ribeira Sacra, además de por su importante patrimonio histórico y cultural, es por sus vinos, conocidos en todo el mundo. En 1996 se consiguió la Denominación de Origen de estos caldos de los que se dicen comenzaron a ser cultivados en tiempos de los romanos. Su popularidad era tal, que hasta los Césares lo servían en sus fiestas más señaladas. .
Años más tarde, durante la Edad Media, serían los monjes asentados en las márgenes de los distintos ríos que bañan estas tierras los que recuperarían el cultivo de la uva. Hoy lo conocemos como “viticultura heroica” debido a la dificultad que entraña el procedimiento en el que no se utilizan medios mecánicos ni en el cultivo ni en la recolección. A esto se une otra dificultad, y es que la mayor parte de los viñedos que aquí se asientan se encuentran en terrazas sobre las inclinadas laderas de los cursos fluviales del Miño, Sil, Cabe y Bibei, alcanzando algunos de estos terrenos un 100% de pendiente.
La importancia del vino en estas tierras es de tal magnitud que, cada año, se celebra el trabajo realizado por el binomio hombre-naturaleza en una Fiesta de Interés Turístico en Galicia celebrada en Sober y conocida como la “Feira do Viño de Amandi”. Miles de personas se reúnen para probar no solo el vino Mencía de Amandi, abanderado de los tintos gallegos, sino también quesos, pan y miel de la Ribeira Sacra, sin olvidarnos de las populares roscas de dulce de Millán.