Merece la pena detenerse también en los pueblos por los que discurre el trayecto y buscar por sus calles ejemplos de su patrimonio cultural y arquitectónico, fiel reflejo de distintos momentos históricos.
Valderrobres, con su casco antiguo, declarado de interés histórico-artístico, formado por el Castillo-Palacio Episcopal, la iglesia de Santa María la Mayor (ambos de estilo gótico) o su Ayuntamiento renacentista. Otro pueblo cuyo conjunto urbano fue declarado de interés histórico-artístico es Calaceite. Merece la pena pasear en torno a su plaza Mayor, para disfrutar de la fachada manierista de su Ayuntamiento o de su preciosa lonja, así como de las capillas-portales de la Virgen del Pilar, San Antonio y la Virgen del Rosario.
Ya en Zaragoza, el Monasterio de Santa María de la Trapa de Santa Susana, hoy en ruinas, fue el centro religioso desde el siglo VI cuando lo fundaron los monjes benedictinos para cederlo posteriormente a la Orden de Calatrava en el siglo XIII.